Cuánto tiempo deseando ver a Bon Jovi en directo y qué rápido se pasa todo... cuando esperas que suceda un hecho con tanta ilusión y expectación, es imposible no sentir un regusto amargo cuando todo finaliza. Una vez más (ésta ha sido la octava) la experiencia de ver a mi banda favorita sobre un escenario ha sido mística, sublime, emocionante y maravillosa. Por eso, cuando todo termina y regreso a casa, las palabras que más repito y que mejor definen cómo me siento son: Gracias Bon Jovi. Gracias por ser la banda sonora de mi vida. Sobre las 12 de la mañana del viernes 4 de junio llegué a la estación de Atocha de Madrid, donde había quedado con mi amiga Chus, a quien tengo que agradecerle especialmente todas las molestias que se tomó conmigo y la paciencia que demostró tener durante el largo rato que estuvimos en la puerta del hotel Palace. Gracias Chus por todo.
Después de comer, Chus me llevó a la Ciudad del Rock, que estaba muy cerquita de Arganda y entonces se me cayó el alma a los pies, porque hacía un calorrrrrrrrrrrrrrr. Imaginad un descampado sin una sola sombra, con más de 30 grados a las 4 de la tarde... la gente que ya estaba en las colas se había llevado paraguas consigo para protegerse del sol, pero ni aún con esas. Fueron tres horas de cola que se me hicieron muy largas, y eso que otras veces he estado en colas durante mucho más rato, pero el calor era muy sofocante.
A las siete de la tarde abrieron las puertas. Previamente ya me había reunido con mi amiga Salud y ya fuimos en busca de nuestra posición, muy cerquita del escenario para nuestro deleite, aunque en este concierto había una separación enorme entre el escenario y las primeras filas, supongo que a consecuencia de toda la prensa que había allí congregada puesto que lo iban a transmitir por televisión.
Desde las 7 de la tarde hasta las 12:30 que salieron Bon Jovi, fueron unas cuantas horas de calvario aunque ahora ya estábamos más cómodas, había sombra y por lo menos podíamos estar sentadas en el suelo. Al ser un festival tocaban otros grupos que particularmente no me gustaron nada, ni a mi, ni a la mayoría de caras que podía ver a mi alrededor, que no paraban de resoplar del aburrimiento. Uno era Macaco (insufrible, lo siento por quién le guste) y los otros fueron Pereza (un coñazo con letras mayúsculas, y lo siento también si hiero los sentimientos de alguien). Dicen que palos a gusto no duelen, y es verdad, porque una puede aguantarlo casi todo con tal de que al final se encuentre con su recompensa. Y vaya recompensa... En fin, ¿qué puedo decir que no haya dicho ya? Quien me conoce sabe de sobra cómo vivo los conciertos de Bon Jovi, y quien no, pues simplemente decir que fue IMPRESIONANTE. Podrá gustarte más o menos la música que hacen, pero no creo que nadie pueda salir indiferente tras asistir a uno de sus directos. La fuerza, la profesionalidad y la interacción que se produce entre el público y el grupo, es un espectáculo digno de ver.
Y el domingo 13 de junio nos vemos en Londres!!


Sara sintió un frío glacial cuando Andrés estampó su firma en los papeles del divorcio. No fue una acción inmediata, antes la miró con una profunda consternación. Sara sostuvo su mirada atribulada y las emociones la zarandearon.
